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Troovelers que han estado en Santillana del Mar

Santillana del Mar

Descripción

La ciudad de Santillana del Mar se ubica en la zona costera Costa de Cantabria de España. Destaca por sus edificios de valor arquitectónico y monumentos, su oferta de entretenimiento, y sus museos y oferta cultural.

Los apasionados por la arquitectura y los monumentos podrán contemplar un centro de educación como Casa de Cultura y Biblioteca de Puente San Miguel, y lugares de interés cultural como Colegiata de Santillana del Mar, Museo Regina Coeli y convento de las Clarisas y Torre de San Telmo.

Para quienes prefieren las zonas de ocio y entretenimiento tienen un lugar de visita obligatoria para turistas como Zoo de Santillana.

Quienes adoren los museos y el mundo de la cultura podrán ver lugares de interés cultural como Museum of the Inquisition, Museo Jesús Otero y Museo Diocesano Regina Coeli.

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Santillana del Mar es un municipio y una villa de la comunidad autónoma de Cantabria (España). Se encuentra en la costa occidental de Cantabria, comarca de la que es su extremo este. Se la conoce popularmente con el sobrenombre de villa de las tres mentiras, puesto que ni es santa, ni llana, ni tiene mar (aunque el municipio sí lo tiene).


La conocida como la villa de las tres mentiras (ni es santa, ni llana, ni tiene mar), tiene muchas verdades que la convierten en uno de los municipios más bonitos de España. No es fácil escoger una a la hora de explicar que es lo que más me gustó a mí: Podría decir que fue la Cueva de Altamira, la llamada Capilla Sixtina del arte rupestre (aunque por orden cronológico debería ser la Capilla Sixtina de Roma, la que fuera llamada la Cueva de Altamira del arte renacentista). Desgraciadamente estas cuevas están inaccesibles al público desde hace algunos años y aún no se ha decidido cuando y en qué condiciones volverán a reabrirse. El premio de consolación para el turista es visitar la reproducción que encontrará en el museo de Altamira. Dato importante, cierra los lunes, os aviso por si os pasa lo que a mí, que fui de listillo por evitar el gentío del fin de semana y me quedé con las ganas…  Aún con todo es simplemente espectacular sentarte junto a la entrada un momento y pensar que aquel mismo lugar, 15.000 años atrás, unos hombres prehistóricos dejaron la muestra de sus recuerdos, su imaginación o quizás sus sueños en sus pinturas. Podría decir que lo que más me gustó fue su casco histórico de calles adoquinadas y decenas de edificios con sabor a la época medieval. Grandioso en su conjunto, lleno de encanto en cada detalle… aunque, desgraciadamente (y casi inevitablemente) atestado de tiendas de recuerdos y productos artesanales, que en las horas de mayor tránsito degradan la villa convirtiéndola en parque temático del medievo. Dormir en Santillana del mar se convierte en una necesidad simplemente para levantarse con el alba y contemplar su belleza desnuda de multitudes. Podría decir que fue la Colegiata de Santa Juliana, una de las grandes joyas del románico en Cantabria. Pasear por su claustro es sin duda un placer para los sentidos, pero tengo que admitir que no soy tan aficionado al arte, como afirmar que  esto fue lo que más me cautivó de Santillana. Podría decir por ejemplo que fue su enclave. A unos pocos kilómetros de las playas del Mar Cantábrico y a unos cuantos más de los Picos de Europa que se divisan en la distancia embelleciendo más la postal de este lugar. Podría decir tantas cosas más. Podría decir que me gustó su famoso zoo, pero a mí los animales me gustan en su entorno natural, o como mínimo gozando de más libertad como en el vecino parque de Cabárceno a pocos kilómetros de Santander. Podría decir que fue el jardín botánico, o que fueron sus distintas exposiciones, o la wi-fi gratuita. Podría hasta decir que me gustó sólo porque comparte nombre con mi ídolo futbolístico de la niñez… Pero, amigos, me da vergüenza confesar, que lo más me gustó de este sin par lugar, lo que sigo recordando, y la razón por la que quiero volver, es el más sabroso bizcocho de la historia de la humanidad, desde el paleolítico hasta nuestros días pasando por la Edad Media. Es el bizcocho de las monjas de clausura del Convento de San Ildefonso. Si se te hace la boca agua con sólo leerlo, no sé que estás esperando para ir a Santillana del Mar a degustarlo.

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