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Troovelers que han estado en Berlín

Publicación de: Jorge Luque

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El corazón de Europa, tras un convulso pasado muy reciente, late con fuerza. La capital alemana es un hervidero fértil de cultura, deporte, civismo y oportunidades. Su visitante encontrará una ciudad de contrastes, marcada por una cruenta guerra y una longeva post-guerra de 44 años. Dos mundos antagónicos se funden en Berlín, unidos (ya no separados) por su muro. El muro de la vergüenza estuvo en pie 28 largos años, dejando una huella imborrable en la ciudad. Actualmente, se conservan algunos tramos, destacando la East Side Gallery, algo más de un kilómetro de muro a orillas del rio Spree pintado por artistas de todo el mundo, un testimonio histórico para futuras generaciones.  Por un lado, la zona oriental, dominada por la Unión Soviética desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta la caída del muro en 1989. Si hay un distrito que refleja el modelo urbano soviético, ese es Friedrichshain. Castigado duramente en la contienda, bajo el mando comunista se planearon grandes avenidas y barrios de nueva planta. La Stalinallee (Avenida de Stalin, hoy conocida como Karl-Max-Allee y Frankfurter Allee) unía Alexander Platz con los barrios más orientales de la ciudad en un ancho bulevar donde se exhibían multitudinarios desfiles de propaganda comunista. Fue también en este barrio donde se erigía una estatua de 19 metros de Lenin, en la plaza homónima. Pese a los esfuerzos por conservarla de vecinos y sociedades artísticas fue enterrada en 1992 en el bosque de Seddinberg, cerca del lago más grande de Berlín y zona de recreo natural, Müggelsee. Actualmente, Friedrichshain destaca por su juventud y vida nocturna, alentada por numerosos edificios ocupados por personas procedentes de la zona occidental. En uno de ellos pasé uno de los meses más divertidos de mi vida, sería un pecado para todo visitante no dejarse caer por allí. En la zona oriental encontraremos el distrito de Mitte (centro) donde se concentran gran parte de los sitios turísticos, destacando: -          La Puerta de Brandenburgo, en la Plaza de París, coronada por la cuadriga tirada por la Diosa Victoria, representa la puerta de entrada al “nuevo Berlín”. -          El Reichstag (parlamento), nos narra la agitada vida política alemana en una fascinante exposición fotográfica. La expresión de cambio se culmina con la cúpula de vidrio, transitable y accesible al público diseñada por Sir Norman Foster. La entrada es gratuita. -          La Isla de los Museos, una pequeña isla rodeada por los canales del rio Spree, es el mayor refugio cultural berlinés y Patrimonio de la Humanidad. Altes Museum (Museo Antiguo), Neues Museum (Museo Nuevo), Alte Nationalgalerie (Galería Nacional), Bode Museum (Museo Bode), Pergamon Museum (Museo Pérgamo) y Berliner Dom (Catedral de Berlín) conforman un espacio único que reúne obras tan importantes como bustos en honor a Pericles o Nefertiti, pinturas de Monet o Van Gogh, la puerta de Istar, el altar de Pérgamo o el de los Apóstoles. La zona occidental de Berlín tiene un aspecto urbano diametralmente opuesto, gracias a la intervención de renombrados arquitectos del siglo pasado. Llamará su atención Postdamer Platz, concretamente el Área Sony. Una plaza ovalada que despertará sus sentidos, caerá rendido al juego de colores y sonidos y, si decide mirar al cielo, se sorprenderá por la majestuosa cúpula diseñada por Helmut Jahn. Su cita con la gastronomía y el séptimo arte berlinés tendrán lugar, como no, en este plaza. Es aquí donde se entregan los premios de la Berlinale y la mejor forma de celebrarlo es degustando las Konigsberger Klopse, unas albóndigas ligeramente más grandes que las españolas cubiertas con una crema de alcaparras. Una delicia que, junto a salchichas, codillo, puré, chucrut y cerveza configuran el menú que nadie podría permitir saltarse. Si teme volver a casa con algún kilo de más no tiene de qué preocuparse, muy cerca se encuentra Tiergarten. En el pulmón de Berlín puede hacer un poco de footing. Se mezclará con berlineses dispuestos a no perder la forma, niños jugando al fútbol… pero no se salga mucho de los senderos habilitados porque es realmente densa la vegetación. Si con lo que realmente disfruta es con las vistas, coja el ascensor que sube al mirador panorámico del Fernsehturn y fotografíe la ciudad desde 204 metros de altura. Disfrute de Berlín y no olvide traerse a casa un osito como souvenir, el símbolo universal del corazón de Europa.

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